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La higiene del odio o el miedo que se me cuela por las pantallas

Herta tenía dos años en 1940. Vivía en Viena. Elizabeth cumplió cinco ese año. Ambas niñas fueron evaluadas por el doctor Hans Asperger (¿le suena el apellido?), quien realizó estudios e informes en ambos casos, como en otros 800 niños y niñas que llegaron a sus manos expertas. El trabajo de Asperger era importantísimo. La eugenesia, una disciplina que busca mejorar la genética de las personas era un pilar fundamental para el desarrollo e instauración de una mejor raza de acuerdo con los cánones impuestos por el líder de entonces. 

El doctor Asperger fue categórico en sus informes. Sobre Herta, desde un análisis sistémico, se apiadó de la madre que debía hacerse cargo de ella y sus otros 5 hijos normales. Utilizando el lenguaje destruyó realidades: psicopatía autista, inútil porque no presentaba el amor incondicional al pueblo que construía su líder. Sobre Elizabeth, se limitó a decir que era una imbecilidad eréctil. Mi corazón se agita al imaginar si ellas pudieron percibir lo que se venía; un atisbo de su sentencia, o si sus familias estaban de acuerdo y asintieron con la voluntad del doctor. 

En la construcción de la identidad de la raza superior que buscaba la pureza genética que debía imponerse y gobernar sobre el mundo, la genética estropeada y hecha jirones de estos 800 casos debía atenderse con patriotismo: había que erradicar lo indigno de la raza aria, contaminada, seguramente, por algún desliz con judíos, habrían dicho seguros de su nobleza. La clínica Am Spiegelgrund recibió a cada niño o niña que Asperger catalogaba como no educables. Allí, todos los internos fallecieron de neumonía. Todos, en una clínica, uno tras otro, mismo diagnóstico. Ninguno sobrevivió. 

Actualmente sería imposible referirse en esos términos a nuestras infancias. Por ahora. Pero ese límite impuesto desde una moral acordada en cartas magnas y también en ciertos púlpitos está de alguna forma amenazada. Crecimos como sociedad en la idea de que valores como el respeto a los derechos humanos, la solidaridad, el derecho preferente de las infancias y personas en discapacidad nos hacía recordar que el origen de la evolución está en el acto de cuidar a los más débiles. Nunca ha sido una batalla ganada; ejemplos en todas partes del mundo, hacían cada vez más necesario recordar que la dignidad del humano está en cómo defendemos su derecho a ser. Sin embargo, los vientos del pasado soplan fuerte nuevamente. Aquí y en todos lados, los derechos humanos, los que hacen la diferencia entre vivir y sobrevivir, siempre tienen resistencia de un poder que no nos considera a todos iguales. Lo más desalentador, es que pueblos que enfrentaron la barbarie ahora abrazan sus ideas vestidas con nombres de patriotismo, fidelidad a la tradición, verdades incuestionables de un líder mesiánico. Umberto Eco tenía razón en su advertencia, pero se parece a Casandra porque no lo escucharon. 

Y no, definitivamente no fue un autista el que hizo el saludo nazi. Una persona autista se regula a través de estereotipias, que son movimientos inconscientes que regulan su experiencia sensorial. Lo que todos vimos fue un alarde de poder de quien puede hacerlo. La cara más deslavada de la ausencia de decoro ya que se obtuvo el poder total para negar de la existencia a quien no se ajusta a la normalidad impuesta por ellos mismos.

Nuevamente las ideas de diversidad, equidad e inclusión corren en riesgo de pasar de valores a conceptos prohibidos. La nueva lengua establece que estas tres palabras nos dividen. Me recuerda a lo ocurrido aquí hace poco, cuando la solidaridad pasó de ser una característica chilena a una patudez de querer darles a los viejos unos cuantos pesos más de pensión. Con mi plata no, la solidaridad no alcanza para ellos. El valor no está presente cuando la ideología corrompe la moral.

Y así se van desmantelando instituciones que promueven locas ideas como dar oportunidades a todos por igual, comprender que somos distintos en formas, pero iguales en derecho, y que en este barco que navega con un rumbo hacia lo desconocido deberíamos caber todos (¿se enoja si digo todes?). Ahhh, y que no se me olvide: tenemos la libertad y el derecho de amar.

Y no sería tan terrible si solo fuera una moda pasajera en un país ya variopinto en general, que muestra signos de imperio en decadencia, de tanto egoísmo encarnado que termina en zombies del fentanilo en las calles de cada ciudad. Lo que me aterra es que no son pocos los líderes de otras partes del mundo, incluso en nuestra copia feliz del Edén, que consideran que inclusión, diversidad y equidad son ideas que deben ser erradicadas. 

Y claro que me da miedo. Asperger pudo mandar al patíbulo a niños y niñas porque hubo una institucionalidad que lo legalizó y una comunidad que lo apoyaba. Se podía hacer, es más, era lo moralmente correcto. Lo normal, lo correcto, lo esperado, era dictado por una institucionalidad que en pocos años cambió la mentalidad de personas comunes y corrientes, que fueron capaces de realizar lo que no queremos siquiera pronunciar porque así lo dictó el mesías aquel. 

La agencia de inmigración de Estados Unidos ahora recorre las calles buscando ilegales para llevarlos a Guantánamo. Si, la misma de las torturas en esas guerras por la libertad del petróleo o algo así. Los agentes irrumpen en escuelas, en cárceles y una falta es ahora un delito para deportar a la mazmorra más cuestionada de occidente. Detrás de ello, un negocio oscuro lucra. Siempre alguien gana. De los que llegarán al averno, ¿Cuántos rostros de padres serán olvidados por sus hijos? ¿Cuántos rostros serán como el mío o el suyo? Porque alguien decidió que no encajamos en su versión de realidad: blanca, cis, evangélica nacionalista (nota aparte el evangelio de la prosperidad), y que habla un solo idioma y no conoce más allá que la propaganda patriota que transforma a la soberbia, la avaricia, la mentira y la violencia en valores patrios ejercidos por unos pocos con demasiado poder. 

Si la moda de hacer a Chile grande otra vez; viva la libertad carajo y otros slogans bonitamente simplones se impone en nuestra loca geografía… ¿tendré tiempo para huir antes de que vengan por mis hijos autistas? En el nombre de una única versión tergiversada de un libro sagrado, ¿Cuántos Judas vendrán por su recompensa de 30 monedas a entregar a las personas trans? El aborto será prohibido, porque esa es la moral, pero también serán erradicadas las divergencias de todo tipo. Ya ha pasado. Nada garantiza que no pueda pasar. No hay registro bíblico que hable de neurodivergencias, sólo de endemoniados que debían ser curados o echados al acantilado. 

No me gusta la incertidumbre. No me gusta que lo que alguna vez se llamó derechos humanos, de niños y niñas, de las personas en situación de discapacidad pase a ser optativo. Ya llevamos 35 años de cambio hacia la inclusión educativa para cambiar una cultura segregadora y la resistencia ha sido feroz. Si la institucionalidad lo permite y lo legitima, volveremos a segregar a los que no merecen nuestros derechos. 

En el pasado esclavizamos, torturamos, matamos a otros porque se podía. Una oreja o una mano Selknam cortada era bien recompensada por el Estado Chileno. A mis píos nacionales les interpelo: ¿me aseguran que su vuelta a la conservadora tradicionalidad de los chilenos de verdad garantizará el ejercicio libre de los derechos de mis hijos autistas en un paradigma de calidad de vida? ¿Se da cuenta que su normalidad anula el sentir de otros, y los convierte en cosas molestas para su uniformidad?

Las infancias y adolescencias trans existen, les guste o no. Autistas también, al igual que personas en situación de discapacidad que no es más que la relación del entorno con sus características propias (lo de dis viene del contexto, no de sus cuerpos o mentes). 

Por decreto u orden ejecutiva no se borrarán a las locas rebeldes de Lemebel, por más que quisieran. Y lo siento, sólo existe una raza, la raza humana. La pigmentación es sólo una excusa más para odiar. 

Herta y Elizabeth murieron en vano, muy a pesar de lo que como padre puedo sentir. Junto a tantos otros, fueron el precio que muchos estuvieron dispuestos a pagar para que ellos pudieran estar egoístamente mejor. Tal vez ahora será menos bullado, más silencioso: desaparecerán departamentos de género en los municipios, el reclamo de la inclusión educativa o laboral no será a la falta de apoyo gubernamental o a la carencia de nuestra moralidad de verla como un valor, sino a los molestos “otros” que no pertenecen a esos lugares para gente… normal. Se cerrarán espacios que creíamos ganados y un diagnóstico será un oráculo que destierra a seres humanos a la pobreza material, marginación social y olvido selectivo.

Por ello, le pido prestadas a Benedetti sus frases más conmovedoras, para ejercerlas como mantras que nos ayuden a no flaquear en la apostólica encomienda de defender la inclusión y predicar en desiertos de concretos repletos de oídos displicentes. Que sean ellas las que me motiven y nos motiven a luchar por defender lo poco ganado, un día a la vez, para no retroceder de cuajo a la inquisición de lo que estará afuera de la normalidad impuesta desde una vez más el poder indolente del que siempre desdeñó al otro como inferior: 

Defendamos la inclusión como una trinchera, de los miserables, de las ausencias. 

Defendamos la inclusión como un principio, de la retórica y de los canallas. 

Defendamos la inclusión del oportunismo, de los proxenetas del capital.

Defendamos la inclusión de Dios y de la muerte. 

Porque si ella no está más, tampoco estaremos tú ni yo. Y el nosotros que soñamos, quedará en lo que pudo haber sido, pero que nunca existió. 

Ahora entiendo bien lo que significa ser activista por una causa. Me mueve el miedo, pero me pone de pie el amor por mis hijos. Y se que no soy el único. También defenderé a los tuyos. No soy un gigante, sino un colibrí que juega su papel para evitar el incendio del bosque. Juntos seremos legión. 

Juan José Lecaros C.
Fundador y Presidente de Fundación Ítaca para la Inclusión y la Familia |  + posts
  • Profesor de Inglés UMCE
  • Magíster en Enseñanza del Inglés como Idioma Extranjero (TEFL)
  • Magíster en Educación con Mención en Liderazgo Transformacional y Gestión Escolar
  • Diplomado en Estrategias de Inclusión Psicoeducativas para niños con Síndrome Autista y Síndrome de Asperger

Es padre de Juan José (11) y Santiago (7). Profesor de inglés por más de 20 años en todo tipo de contextos. Actualmente profesor universitario y supervisor de prácticas pedagogía en inglés.

Desde su experiencia con el diagnóstico de su hijo menor hace 5 años, decide con su esposa crear un lugar para apoyar a las familias y sus procesos dentro del mundo del Espectro Autista. También ha realizado capacitaciones a profesores en materia de inclusión.

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Miguel Ángel Olea Muñoz

Es un ejemplo de fortaleza y humildad a la vez.

Carlos Perez Aguirre

Qué gran e inspiradora columna en tiempos de barbarie y violencia. Muchas gracias por tus reflexiones profesor Juan Lecaros.

Jacinta

Como siempre terminé en lágrimas. La forma en que se narra las historias de personas que quizás no tienen voz o que no saben aún cómo usarla para decirle al mundo «No somos el problema»

Marta Mera

Excelente profesor Juan José, la inclusión se presenta como un tremendo desafío para todos; sólo con verdad, cariño, trabajo y entusiasmo podremos avanzar en el camino.

Un abrazo grande!!
Marta Mera
profesora

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