Tu Aldea

¡Hola! Hoy es martes 22 de septiembre, 2026 - 11:10 hrs.
Generic selectors
Exact matches only
Search in title
Search in content
Post Type Selectors

Noticias, entrevistas, columnas de opinión. Tu alternativa informativa.

Ruido blanco y deseo en el libro de cuentos “Mujeres bondadosas”, de Romina Reyes

Embarcada en la tarea de esgrimir una presentación para este libro: Mujeres bondadosas, de Romina Reyes, se me amontonan una serie de preguntas que intentaré responder, teniendo claro que, en el reino de las preguntas existen —por derecho propio— infinidad de habitaciones con respuestas flotantes que se entrelazan con todo.

Visto así, podría decir que la arquitectura de este libro me sugiere un pasillo, donde conviven 7 puertas que nos conducen a 7 universos paralelos. Algunas puertas lucen despintadas, borrosas, con mujeres que entran y salen, otras permanecen abiertas como esperando algo o a alguien (en un loop eterno). Dos de ellas están conectadas por un tipo de trenza invisible. Pero todas han sido antesala de una historia que nos habla de dimensiones perdidas y encontradas, cuando menos por un momento, lo que no parece borrar el deseo de volver a cruzarlas. Ni hablar de las ventanas, balcones, espacios urbanos recorridos y vividos, con la profundidad de las palabras no dichas, que asisten como ruido blanco a lo largo y ancho de este libro. 

Dicho lo anterior, surge la primera interrogante: ¿Es este un libro que retrata nuestro tiempo? Y mi respuesta inmediata y visceral es: Sí. Claro que sí. Nos chocamos a boca de jarro con la velocidad propia de nuestra época, que nos empuja a transitar armando el equipaje mientras avanzamos o retrocedemos en la trama. Eso hacen las mujeres de este libro, que a priori, caminan, aunque en el ejercicio se vayan rompiendo, reparando y auto recreando en la existencia, como ocurre actualmente en la realidad, más “libremente”, pero hasta cierto punto nada más, pues las amarras se esconden —ni tan a la sombra— de una sociedad que todavía nos impone un cartel u otro. 

Pero, ¿qué pasaría si este libro fuera traducido al lenguaje fotográfico? Creo que tomaría dos caminos. En el primer caso, adoptaría un filtro ND, cuyo cristal oscuro, nos ayudaría a diluir las experiencias transmitidas en los cuentos: Alexandria, Iniciación, Volcanes y Eres de oro, porque me resulta más digerible entrar en ellos con gafas. Tíldame de loca, si quieres, pero siento que allí hay un frío emocional que solo se puede resistir con los ojos protegidos. En el segundo caso, la misión está perdida desde el principio, ya no te puedes proteger y solo aplica un filtro polarizador, propio de lugares tan fuertes que no queda otra opción que asumirlos en toda su extensión y hondura, como tirarse en caída libre sobre un paisaje antártico, que de tan frío quema. Tal es el caso de los cuentos: No entres al gallinero, Ninoska huye y Mujeres bondadosas. Por lo mismo, resulta imposible desconocer que al cruzar al otro lado ya no eres la misma persona.

Entonces, si este libro fuera una voz ¿cómo sonaría? Creo que en algunos tramos sonaría como sobreviviente de un invierno largo, de gripes que sanaron a medias y resurgieron más de una vez, dejando la sombra de una tos crónica. En otros segmentos saltaría de una tonalidad adolescente y frutal a la quietud de los años en que todo se va volviendo más silencioso. Hay una voz que vive en lo tácito, que suele proyectarse hacia adentro, no es una sola, sino varias. 

Y ¿cómo se relaciona esta obra con la realidad chilena, ¿la podemos situar en nuestro país o en cualquier ciudad del mundo? Creo que ambas opciones coexisten. Hay referencias explícitas que permiten contextualizar el libro dentro de distintos territorios geográficos de Chile y el mundo, pero no solamente se habla de geolocalización, sino de términos y conceptos que refieren a hechos puntuales que marcaron nuestra cultura nacional. Su disposición en el libro se asemeja a una señalética de carteles luminosos que dan cuenta del lugar físico, político y emocional desde donde habla la autora. 

Si este libro fuera una pieza musical, creo que tomaría la forma de un paisaje sonoro que incluye movimientos tranquilamente imperceptibles como la serie de Música para aeropuertos de Brian Eno, entrelazados con la voz etérea de Bjork en The gate, que luego transmuta a su interpretación en Hunter y así sobre expuestos en sonidos hacia el infinito, con la alternancia propia de las emociones humanas.

Mi experiencia con este libro inicia en una atmósfera de trazos difusos que poco a poco va instalando ideas nido, como ráfagas fotográficas que enfocan nombres, labios, ciudades, heridas, caderas, abrigos, esperas, cicatrices, deseos, ausencias y casi sin notarlo sincronizo con el zigzag de las siete puertas que se abren y cierran, dejando colarse recuerdos, pensamientos rumiantes que solo son eso en la vida de los personajes y luego saltan convertidos en pasos erráticos que buscan encuentros y que solo a veces logran sublimar.

Fotografía por María Luisa Melo / Ig: @maluretratos 

Directora de Tualdea.cl | Web |  + posts

Relacionadora pública, escritora, defensora ambiental y directora de Tualdea.cl

5 1 voto
Article Rating
Suscribe
Notificar de
guest

0 Comments
Más viejos
Más nuevos Más votados
0
Me encantaría conocer tu opinión, comenta por favor.x