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 El corazón que no escuchamos: «Ya no»

Hay poemas que caben en apenas dos palabras y, sin embargo, contienen el peso de una vida entera. En la poesía de Idea Vilariño, la pérdida nunca necesita explicarse. Basta el silencio. Basta esa certeza de que hay cosas que simplemente dejan de ser. Que hay ausencias para las que el lenguaje siempre llega demasiado tarde.

Quizás por eso resulta imposible asistir al debate que ha abierto el proyecto de ley «Escucha su corazón» sin preguntarse si, una vez más, estamos escuchando el corazón equivocado.

Porque antes del latido fetal, existe otro corazón que ya viene roto.

El de una mujer que ha sido violada y debe enfrentar un embarazo nacido de la violencia. El de quien recibe la noticia de que el hijo que esperaba no podrá vivir fuera de su cuerpo. El de aquella que descubre que continuar el embarazo puede costarle la vida. Ninguna de ellas llega a un hospital buscando una discusión filosófica. Ninguna llega con consignas. Llegan envueltas en dolor, con miedo. Con culpa, aunque no tengan por qué sentirla. Con una tristeza que no cabe en los protocolos médicos ni en los discursos parlamentarios que niegan los derechos primigenios de las mujeres.

Y, sin embargo, la política insiste en hablar sobre ellas antes que con ellas.

Con demasiada frecuencia convertimos a estas mujeres en símbolos. Unas veces para defender la vida. Otras para defender la autonomía. Pero pocas veces las reconocemos como lo que son: personas enfrentadas a una de las decisiones más desgarradoras que un ser humano puede experimentar.

La psiquiatra Judith Herman escribió que el trauma no termina cuando ocurre la violencia. Continúa cuando la sociedad deja de reconocer plenamente a quien la sufrió. Cuando la obliga a justificarse. Cuando sospecha de su palabra. Cuando la transforma en el escenario donde otros libran sus batallas morales. Entonces aparece una segunda herida: la de dejar de ser vista como sujeta de derechos y comenzar a ser tratada como un argumento.

Porque una democracia puede debatir legítimamente sobre el inicio de la vida, sobre el alcance del consentimiento informado o sobre los límites de una ley. Lo que no debería permitirse es olvidar que, más allá del avance logrado en las tres causales que hoy reconoce nuestra legislación, no existen decisiones felices. No hay victoria para nadie. Hay duelo. Hay pérdida. Hay cuerpos atravesados por el dolor. Hay proyectos de vida que se fracturan en cuestión de horas.

La humanidad de una sociedad no se mide únicamente por las leyes que aprueba. También se mide por la forma en que acompaña a quienes viven aquello que la mayoría jamás desearía experimentar.

Escuchar es un acto profundamente humano. Pero escuchar nunca ha significado imponer un recorrido emocional único, ni convertir un momento íntimo en una obligación dictada por el Estado. El acompañamiento exige presencia, respeto y confianza; no la convicción de que el sufrimiento ajeno es antojadizo e irracional.

Idea Vilariño escribió sobre aquello que ya no sería. Sobre la ausencia que permanece incluso cuando el mundo continúa girando. Quizás por eso su poesía sigue conmoviendo: porque entiende que existen dolores que no necesitan ser explicados, sino acogidos.

Antes de preguntarnos qué debe escuchar una mujer en el instante más difícil de su vida, tal vez deberíamos preguntarnos si nosotros hemos aprendido a escucharla(s) a ella(s).

Porque una sociedad que deja de reconocer el dolor de las mujeres corre el riesgo de deshumanizarlas. Y cuando eso ocurre, ya no discutimos únicamente una ley. Discutimos la calidad de nuestra propia humanidad.

Carolina Guzman Navarro

Fotografía: Ig @photo._.posh

Carolina Guzmán Navarro
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Profesora y magíster en Educación.
Se ha desempeñado en distintos ámbitos de la gestión educativa, el liderazgo pedagógico y el diseño e implementación de iniciativas para el fortalecimiento de la educación pública. Su experiencia incluye funciones en establecimientos educacionales y en el sistema público de educación, con especial interés en políticas educativas, desarrollo docente, convivencia escolar y gestión institucional. En sus columnas aborda temas vinculados a educación, sociedad y políticas públicas, promoviendo una reflexión basada en la experiencia profesional y el compromiso con el debate público.

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